28 de marzo de 2017

John Lydon, ex-Johnny Rotten, saluda el Brexit y respalda a Trump: El Conservadurismo es la Nueva Contra Cultura


Dando la nota una vez más. Está en la naturaleza del personaje, es su estado normal. Así siempre ha sido y evidentemente lo sigue siendo. Atrevido, valiente y audaz. Un tío sin pelos en la lengua que posee una sensibilidad y naturaleza únicas que lo llevan irremediablemente hacia la denuncia y la provocación. Es sin duda un icono cultural británico y un referente molesto. Fue el padrino del punk rock, fue Johnny Rotten, líder de SEX PISTOLS, nervio, figura e imagen de la última revolución surgida bajo el manto del Rock. Hoy es Mr. John Lydon y saluda pleno de gozo y satisfacción a los movimientos populistas, derechistas y anti-establishment que avanzan poco a poco sobre occidente.

John Lydon lo ha hecho hace un par de días y en directo para la televisión británica en el programa periodístico de ITV, GOOD MORNING BRITAIN y así lo cuenta BREITBART. Allí se despachó bien a gusto y no dudó en manifestar su apoyo hacia el Presidente norteamericano Donald Trump. También hizo lo mismo para con Nigel Farage, líder del UKIP y promotor del Brexit.

Sorpresa? En absoluto. Si realmente se conoce a Lydon era normal que en algún momento reaccionase contra el establishment y el discurso de lo políticamente correcto imperante.

Ante la pregunta acerca de la salida del Reino Unido de la Unión Europea dijo: “Qué pienso acerca del Brexit? Bueno, ahí va: la clase obrera ha hablado y yo soy uno de ellos, y estoy con ellos”. Quiso estrechar la mano de Farage después de ver la manifestación del pro europeista y millonario Bob Geldof contra el líder del UKIP…


Ve al Presidente  Donald Trump como un outsider, un presidente no convencional, una especie de político punk rock que fue injustamente atacado por los medios del establishment. “Donald es un colega algo complicado… Un periodista una vez me dijo que es un político SEX PISTOLS. Así es, de alguna manera”.

 “Me desagrada que la izquierda mediática en América esté intentando mostrarlo como un racista y eso es completamente falso (…) Esta aterrorizando a los políticos y eso es un disfrute para mí”.

Cuando el presentador Piers Morga describió a Trump como una figura arquetípicamente anti-establishment, Lydon dijo: “Me atrevo a decirlo, un amigo posible”.

Y si, fiel a su estilo sigue atreviéndose a disentir como allá por 1977 cuando al frente de los SEX PISTOLS encabezó la rebelión punk. Por entonces su objetivo fue la Reina de Inglaterra y sus instituciones, hoy ya un hombre mayor reveló que apoya a la Reina Isabel II y a la Tradición. Y dio un paso más allá aún: defendió la figura de Margaret Thacher en contra de los que celebraron su muerte. Rotten en estado puro, solamente que adaptado a la situación y en contra del discurso hoy políticamente correcto.

Para los perdimos el pelo y seguimos su carrera y pensamiento desde el primer momento este John Lydon se ajusta perfectamente a su historia. Y eso lo honra.

Hoy que ser valiente y atreverse a contradecir al pensamiento único dominante, a plantarle cara al mundialismo progresista y sus medios de propaganda y Lydon lo ha hecho una vez más.

Señoras y Señores, Damas y Caballeros. He aquí a Mr. John Lydon 2017. God Save You.


14 de octubre de 2016

MONGO


El tema del orden en este caso es más que relativo, casi intrascendente. No hace verdaderamente a la cuestión. Qué importa si ha sido el primero o el último en andar las calles suburbanas de su barrio mostrando, sin desparpajo, su punkitud o, si aún sigue por ahí vagando como un anima sin paz… Ahí estuvo, está y estará MONGO, el alma de un Gerli irredento y fatalmente condenado por la belleza de lo trágico.

No recuerdo muy bien cuándo ni cómo lo conocí, algo comprensible si se tienen en cuenta las circunstancias y los tiempos en que ocurrió. Sí que fue durante 1980, 81 u 82 en una Argentina más que dura y enrarecida que pario un puñado de punkitos que dejaron una marca indeleble en el ambiente. Tampoco recuerdo si fue abajo o arriba del escenario, en el sur del Gran Buenos Aires o en una sala del Centro de la Gran ciudad. La cuestión es que él formó parte de ese pelotón de punks, un tanto alejado de ese núcleo más “chic” que también hubo por entonces, punks diferentes, sin el falso glamour del querer parecer sino auténticos portadores de una verdadera suciedad callejera.

Si bien su DNI reza Sergio Spadavecchia, clase 1965, para nosotros siempre fue MONGO, un chico de barrio y de una familia trabajadora del suburbio y que conoció de cerca la marginalidad y el sobrevivir en una jungla de cemento. Autentico, sin posturas artificiosas ni aditamentos, fue parte de esa tribu del Sur en la que militaban Rati, Varicela, El Gordo Manners y Marcelo Pocavida entre otros personajes. Todos formaban parte de ese “Sur Punk”, donde Gerli, Escalada y Lanús era el territorio donde se vivía y se formaba identidad. Curiosamente también yo pasé por ahí, donde me sentía más cómodo que en cualquier otro lugar, donde vivían mis amigos de la calle, donde convivían “El Porve” y el “Granate” junto a Sid Vicious y Los Violadores.

Fue carne de DGI, ESTADO DE SITIO y de ALERTA ROJA, su banda y medio donde expresar esa punkitud de suburbio, de la que fue su voz y su imagen. Pablo, Fernán y Daniel completaron la partida. Mucho corrió y pasó bajo el Puente Gerli… luego, vinieron tiempos personales duros y tumultuosos, caídas, levantadas y vuelta a caer, Luca Prodan y el baño de un bar, y la lucha por la supervivencia al lado de su hermosa madre, Lucía, como siempre y viviendo en la aún hoy en su casa de toda la vida. Mongo sobrevive a un destino que no fue ni es nada fácil, pero que afronta con esa voluntad incombustible. Es un artista de la vida que se atreve sin prejuicios a dar testimonio en forma de una poesía muy suya y personal, plasmando en ella sus pensamientos e intuiciones y dejándolas en un cuaderno donde su filosofía se materializa en tinta y pulpa de papel.

Aquí están sus manuscritos, su mente, alma y corazón por primera vez publicados. Aquí están para todos nosotros, amigos, indiferentes y enemigos.
Desde el Suburbio de la Mente aquí está MONGO, desnudo y en estado puro… Qué más da si fue el primero o el último.
Ni lo uno ni lo otro, simplemente: MONGO.


 EL ROJO AMANECER
¡Qué el rojo amanecer adivine lo que haremos cuando el universo abra sus tremendas manos y nos envuelva hacia el mismo eterno ser!
Dando rubíes y madreperlas a los viejos seres terrestres y en el silencio del infinito quiebre los sueños que traen paz, sueños más dulces que la misma miel
Hoy cuando el cielo está colmado de nubes veo como se abren
Las puertas del Universo y que todo reposa sobre un rojo amanecer, amanecer que algún día tendrá su ocaso.
Mientras tanto esto vaya sucediendo ¡que el rojo amanecer adivine lo que haremos cuando esa luz azul de las estrellas se haya terminado y todo llegue a su fin!
  


COMIENDO SU CARNADA
Máquinas manejadas por hombres chip implantados en el cuerpo
Melancolía de canciones metálicas tapadas con laudes
Marejadas cubriendo ratas por las calles
Muerte y caída de un rey, guerras y garras comiendo su carnada pútrida en el día de hoy
Pibes muertos vivos en la calle y puta desocupación.
Máquinas idiotas de la televisión.


SER
Viví el destino de tu suerte
Conocí el silencio de tu llanto
Ahora ahogo el camino de lo oculto
Entre luces iracundas bajo el efecto del alcohol adueñando otra parte de mi cuerpo.
Disoluta comprensión en este frio despertar caminando por otras tierras, por otros suelos.
Bajo el efecto requerido que se adueña de la otra parte de mi  oscurecer


UNA PLEGARIA
Noche pasada de sueño
Alabada sea esta noche
Que podamos recuperar ese sermón de los tiempos pasados
Que olvidemos el rencor de todos los tiempos
Bajo esa forma de impresión descubrí el silencio de esta música
Donde los antiguos murmullos de lo olvidado vuelva hoy acá
Donde ahora yo me encuentro recordando esos sueños más dulces que la misma miel
Y que podamos olvidar el rencor de todos esos tiempos


OLVIDO
Recuerdos olvidados del ayer
Perdidos en el ocaso del suspiro
Y escapaste volando sobre un poema
Y destrozaste mi corazón
Y las lágrimas se ahogaron en tu recuerdo
Ya he perdido el ayer igual que tú no te acuerdas ya de mí
Viejos recuerdos de deseos en el último abrazo
Mi vida hoy dejó este telón confuso de olvido


TRANSFORMACIÓN
Para aprender a vivir hay que aprender a morir
Todo opuesto es uno, toda alegría da lugar a un fracaso
Todo tiempo vuelve, todo lo que sube baja
Las alegrías de ayer se transforman en llanto, mujer.
Toda noche se encarna en día.
Hasta el más bello recuerdo es mejor olvidarlo
¿Qué es perdida? ¿Qué es ganancia?
Qué es la poesía sino el canto de un músico qué llora
Si digo que mañana es seguro que jamás será


PENSAMIENTOS

Debes callar siempre, justo en ese preciso momento cuando la verdad asoma de tu boca.
Debes callar siempre para que los “humanos” no escapen de vos.
Una vez no callaste y entonces tu mejor amigo te dejó… escapó de ti para siempre, huyó de ti!!!
Debes callar, así los “humanos” te recogen en el seno humano
Pero si amas el destierro no calles más y ve hacia la lejanía…
Solo pensamientos.


SERGIO

MONGO



21 de agosto de 2016

Phil Lynott, Thin Lizzy y Dublín


Ahí está. En pie y elegantemente ataviado para la eternidad. Apoyado suavemente sobre su instrumento que lo elevaría a la categoría de leyenda del Rock. Sobre un pequeño pedestal en medio de la acera de la calle Harry y Grafton Street recibe sin cita previa a cualquiera que quiera visitarlo. Es la estatua de bronce de PHIL LYNOTT en Dublín, indiscutiblemente su ciudad.


 Me emociono, no lo puedo evitar ni tampoco ocultar. Solo él y yo, y nadie más. Parece que el tiempo se detiene y los recuerdos del primer disco de THIN LIZZY que oí en mi vida vuelan sin control empañando mis ojos. Aquí estamos él  y yo frente a frente después de más de tres décadas. Vuelvo poco a poco a la realidad,  saco mi cámara fotográfica y disparo. Una y otra vez desde diferentes ángulos. Comienza a caer una fina llovizna que moja levemente el bronce y mis manos. Se acerca un señor mayor de bigotes plateados y gorra que sin emitir sonido alguno  y con un gesto me ofrece su teléfono móvil. Con una seña entiendo que quiere una foto con Phil. Accedo con gusto. Apunto, encuadro y click… Devuelvo el teléfono y ante mi curiosidad pregunto: -Do you know who is? El hombre responde algo avergonzado: -Non parlo inglese… Italiano! –respondo. –Si. Entonces le pregunto en la lengua del Dante si sabia quien era ese señor de la estatua con el que se había sacado una foto… Encogiendo los hombros me dice: -Ni idea. No me sorprendo porque lo sospechaba. Me limito a decirle que ha sido uno de los músicos de rock irlandés más grande de todos los tiempos. Nos saludamos y se marcha lentamente por donde vino. Regresará a su pueblo simplemente con una foto más de su estadía en Irlanda. Nada importante para él. Todo lo contrario para mí. Así es la vida... Me quedé un largo rato entablando una intima charla con el genio mestizo de la Isla Esmeralda antes de seguir mi camino.


Pero que quede claro que Dublín no es nada ingrata con el querido Lynott. La ciudad del Liffey lo tiene presente como a una especie de duende recorriendo sus calles pobladas de corazones rotos y oscuras pintas de consuelo. El rostro del líder de THIN LIZZY recorre la ciudad a tamaño gigante en los autobuses que promocionan al Wax Museum donde, lógicamente, cuenta con una escultura, igual en los anuncios del IRISH ROCK’N’ROLL MUSEUM donde cuenta con una sala exclusiva con recuerdos donados por su señora madre, Philomena Lynott, felizmente viva y en Dublín, en los flyers de los albergues y hostels, en postales e imanes de nevera de las tiendas de recuerdos, en las librerías con sus biografías, en las tiendas de discos con sus álbumes y en cada versión de las miles que se hacen en directo en cada pub irlandés día a día de cada año de “Whiskey  in a jar”… Aunque no es una canción de su autoría sino una canción tradicional irlandesa es imposible que no nos venga a la cabeza la versión de THIN LIZZY que la hizo famosa en el mundo entero.







La Ciudad de Dublín, fundada por los vikingos allá por el 800, donde pasaron por ella celtas, anglos, normandos, ingleses, irlandeses y ahora hombres del mundo entero rinde permanente homenaje a su hijo dilecto. Ni siquiera la fama y el postureo de Bono podrán con el mito de Phil. Al menos muchos no lo vamos a consentir.


15 de julio de 2016

Hoy Niza


Una vez más. Y ahora se vienen las velas, las flores, el símbolo de la paz y el Imagine de John Lennon, una vez más… Ya está bien. Esta sumisión generalizada a la corrección política genera nauseas, provoca verdadero asco y la única sensación que queda en el cuerpo es de vergüenza. 

Las víctimas despedazadas tiradas en el suelo, los cuerpos de los inocentes serán los protagonistas durante una cada vez más corta exposición televisiva en el telediario del mediodía hasta finalmente desaparecer. Una indignación obligada y el inmediato mantra de “cuidado con la islamofóbia” acompañado de la infaltable invocación de las victimas de Occidente en medioriente y aledaños. El tan mentado modelo multicultural NUNCA ha funcionado. SIEMPRE ha sido un fracaso.

A las bestias que en nombre del islam pretenden recuperar Al Ándalus y acabar con “los cruzados” de de Europa, léase absolutamente TODOS menos ellos, no se las integra ni se las escucha, ni se dialoga ni se “empatiza” con ellas, se las combate hasta al final o NUESTRO final está aún más cerca. 

No esperemos demasiado de los líderes europeos ni tampoco de los millones que habitamos estas tierras milenarias. Pero al menos empecemos poco a poco a intentar plantarles cara a las bestias, a sus cómplices y a los tontos útiles que tenemos entre los nuestros que, con tal de seguir la moda borreguil de lo políticamente correcto y “progresista” acabemos en un coctel colectivo de suicidio y masacre. 

Defendámonos, alcemos la voz, no temamos que nos acusen de intolerantes, extremistas, radicales o nada que se le parezca. Rechacemos sus “carnets de demócratas”. Defendamos sin vergüenza NUESTRA CULTURA, NUESTRAS RAICES y NUESTROS PRINCIPIOS nacidos hace tres mil años. Digamos NO mientras podamos antes de que sea demasiado tarde. NADIE lo hará por NOSOTROS.

7 de marzo de 2016

COMANDO SUICIDA 2016. El regreso de la bestia


El sol, implacable en febrero de 2016 en Buenos Aires, no dejaba ni un minuto de castigar el asfalto. El calor hacía difícil, casi imposible salir a la calle y sin embargo él ahí estaba después de más de una hora en colectivo, para verme. Hay que querer realmente a un amigo para hacer tal esfuerzo... Gorra, pantalón de gimnasia de San Lorenzo, un par de viejas zapatillas y una camisa a cuadros. Llevaba una bolsa de plástico colgada de su mano izquierda, que no impidió fundirnos en un abrazo postergado por más de treinta años. Volvía a verme con Sergito de COMANDO SUICIDA. El mismo barrio, los mismos protagonistas pero esta vez cincuentones y castigados.

Hay relaciones curiosas que a pesar del paso del tiempo y la distancia poco cambian y esta es una de ellas. Historias, lugares, motivaciones, episodios y recuerdos comunes tal vez sean la explicación…o tal vez no, pero la cuestión es que la sintonía fue mutua e instantánea. Después del lógico ponerse más o menos al día mediado por una cerveza helada comenzaron a salir las cosas de hoy y afortunadamente los proyectos y el futuro de COMANDO SUICIDA: la fecha de mañana, el nuevo disco y como seguir en la ruta después de décadas de una historia con un grupo dueño de una mística única e irrepetible, al que siempre las cosas se le han puesto difíciles, igual que al mismo Sergito en su vida personal. 

Cuidado, esto se entiende porque desde el primer momento ha elegido el camino difícil, el no transitado, el pionero, el más riesgoso y por el que nadie ha querido ir. Optar por ser skinhead nunca es fácil en ningún sitio pero en la Argentina de principios de los 80 bastante más difícil aún. Sergito lo hizo con coraje, solo y unos pocos lo siguieron. COMANDO SUICIDA fue el grupo que lo hizo diferenciándose claramente del resto de bandas que comenzaron a circular en esa Buenos Aires parida entre el final del Proceso y la naciente democracia, donde ser rebelde y haber nacido del punk había dejado de ser arriesgado. Muchos de los que habían nacido de ese mismo caldo primigenio, que fue una rebelión contracultural ética y estética, empezaron a gozar de las mieles del pop, los “peinados nuevos”, salir en la Rock & Pop, la televisión y a sentarse incluso a la mesa del Presidente de turno (hoy innombrable, claro) en la Casa Rosada.


COMANDO SUICIDA, nunca fue de la partida. Una posición “política” incorrecta, un modo de vida marginal, rechazado y estigmatizado hicieron de ellos un grupo mítico y maldito. Y Ahí están con “Al K.O” y sus emblemáticos borsegüies en la portada, el compilado “Invasión 88” y una colección de canciones transformadas en himnos de una tribu odiada y secretamente envidiada por muchos. Siempre estuvo Sergio, Sergito, poniendo el cuerpo y la cara mientras la vida pasaba y no dejaba de cobrar su peaje. “Me chupa un huevo”, agrega “No me importa nada”, repite (Never mind, I don´t care…) y yo le agregaría un gran “Me ne frego” ante el rechazo y el reniegue de muchos por ser él mismo y no haber perdido nunca su esencia. El “Nadie es profeta en su tierra” vuelve a cumplirse nuevamente. COMANDO SUICIDA es una banda conocida y reconocida en Europa: España, Italia, Francia… gracias a que sus discos fueron editados por el sello belga Pure Impact. Una legión de seguidores de dos generaciones reconocen fielmente ese espíritu de barrio, suburbio, futbolero y rebelde que aún pervive en Sergito y sus actuales COMANDO SUICIDA: Dieguito Rubiola, Facundo y Agustín.

 Este año trae nuevo disco y energías renovadas. Lo pude comprobar en el Club Pistones, el 13 de febrero en Buenos Aires, con una actuación soberbia donde compartieron fraternalmente cerveza y sonido motociclistas, skinheads, viejos punks y público sin enrolar. No faltaron las sorpresas y los invitados. Una vez más el inefable Marcelo Pocavida compartiendo escenario en “Babilonia” y quién escribe versionando “El Combatiente” de ANTI TODO, la primera canción de un grupo punk argentino sobre la Guerra de Malvinas.
      






Noche curiosa donde viejos enfrentamientos tribales ochenteros fueron superados definitivamente y sellados con una cerveza compartida entre Pocavida y El Árbol, un veterano "pelado" porteño. Anécdotas de primera mano y amistades de más de tres décadas rencontradas hicieron las delicias de los presentes. Y Ahí Sergito y COMANDO SUICIDA, como un deja vú perenne que se resiste a desaparecer.

Auténtico sonido rebelde que pervive y se regenera. “Último recurso”, “Grito proletario”, “Me cago en la yuta”, “Dios del trueno” o “Soy de Barrio” confirman la elección de ese camino difícil en esto del rock, del que afortunadamente de nada se arrepienten. Son el sonido subterráneo de una Buenos Aires encantadoramente difícil y también violenta. Oi! Argentino pionero que parece gozar de una salud y juventud secretamente deseada por muchos del ambiente. Y ahí Sergito con más de cincuenta años y tres décadas del rock más provocador, marginal y despreciado, que ya es leyenda.


Si algo aprendía a valorar con el tiempo es la amistad y el no renegar. Más allá de lo material, lo individual, los gustos o el pensamiento están las personas y el valor que ellas tienen como tales. Y en mi caso Sergito no es COMANDO SUICIDA sino mi amigo Sergio y eso me enorgullece. Así que hoy como ayer… me ne frego.


21 de noviembre de 2015

EL CIRCO: Y ahora, más difícil todavía...


Ahí está. Plantada en el solar se levanta orgullosamente. La tradicional carpa donde se conservan la magia y los secretos del Circo. Secretos arcanos de disciplinas transmitidas de padres a hijos, de generación en generación. Ellos no son personas normales que trabajan en algo que pueda gustarles más o menos, que realicen sus tareas con mayor o menor pericia, no, ellos son artistas de circo, cirqueros. Y ahí están, plantándole cara a los distraídos transeúntes de una ciudad como Madrid, ocupados en mil y una cuestiones, que pasan al lado de esa efímera pero majestuosa catedral de lona donde aún resisten el asombro y la ilusión. El Gran Circo Mundial está aquí.

Sabemos que la Edad Dorada del Circo quedó atrás hace mucho tiempo y que el entretenimiento en el siglo XXI pasa por otro lugar. Sin embargo, afortunadamente, aún queda gente, poca y cada vez menos, que demuestra interés por un hecho cultural como el circense. Inmediatamente cuando se habla del Circo se lo relaciona con los niños y la alegría: payasos, trapecistas, magos, malabaristas y animales salvajes componen su ideario. La música, las luces y los coloridos vestidos y maquillajes completan esa fórmula que durante siglos ha funcionado en su cometido de diversión y entretenimiento popular. La clásica pista, las tramoyas y ese ejercito de hombres y mujeres con sus vistosas chaquetas estilo cosaco del XIX que reciben al público con una sonrisa en sus labios hacen que los espectadores entren en un mundo irreal, mágico y alucinante donde el mundo real, con su cruel soledad de multitudes, queda relegado y contenido en el exterior de la gran carpa.


Se apagan las luces, se encienden los reflectores que apuntan hacia el Jefe de Pista que entre redobles de tambor anuncia que comienza la función. Más de dos horas de un espectáculo preciso, cronometrado y ajustado a la perfección donde los diferentes artistas hacen sus números, unos detrás de otros, sustraen al público sentado en las butacas hacia una dimensión asombrosa e irreal. Ante una función de circo surge una inevitable pregunta: ¿Qué lleva a alguien a jugarse la vida poniendo el cuerpo una y otra vez en auténtico riesgo lanzándose desde la altura del trapecio en un cuádruple salo mortal, o subiendo a una inmensa rueda giratoria venciendo a la inercia, la altura y la velocidad con sus ojos vendados? ¿Por qué la bella domadora se enfrenta a la bestia cada noche como si de una tierna mascota se tratase? ¿Y qué mueve al payaso que con su inquietante maquillaje recibe el bofetón y cae al suelo estrepitosamente una y otra vez? Sin duda no es por el dinero ya que la vida de estos artistas ambulantes suele ser muy dura y muchas veces acaban en la más pasmosa de las miserias. Ahí está su arte, su pasión incombustible por la que viven al día,  una herencia transmitida de una disciplina casi imposible que desafía los cánones del espectáculo seguro, una especie de virus que corre por sus venas del cual no existe cura conocida, la vida del artista nómada que tiene su mayor recompensa en el aplauso desinteresado.


En el mundo actual, donde vales lo que tienes o lo que ganas, donde el éxito personal y el reconocimiento social pasa por la cantidad de dinero que ingresas a la cuenta bancaria, esta gente definitivamente no cumple con estas reglas, no pertenecen a ese mundo.  Antes en carromatos de madera, hoy en trailers y caravanas que rodean la carpa como protegiéndola, viven de ciudad en ciudad como una auténtica  comunidad de freaks, de fenómenos casi al borde de la sociedad. Son gente incansable, fuerte y aguerrida que monta y desmonta el espectáculo en yermos solares, acarrea pesados baúles, tiende y destiende redes en el momento preciso, alimenta, cuida y limpia las fieras, emplaza complejos artilugios donde sus compañeros se juegan la vida, encienden las luces, barren y recogen, atienden el kiosco de dulces, reciben y acomodan al público en su sitio amablemente, son parte de una auténtica dinastía en extinción que hacen que aún hoy nuestros niños tengan la posibilidad de descubrir un arte con mayúsculas hoy despreciado.


¿Alguien imagina el esfuerzo necesario para mantener un espectáculo bellísimamente efímero como el Circo? Sus hacedores viven de ello, alimentan a sus peculiares familias, en caso de tenerlas, necesitan de ese dinero para vivir en el mundo real igual que nosotros. ¿Merece la pena? Sin embargo ahí están actuando y trabajando del mismo modo para un aforo completo como para veinte personas que se atreven a ir y a pagar la entrada. Si, veinte, treinta, cincuenta personas por función en un Madrid viernes noche abarrotado de viandantes. Una pena. En este caso ha sido el Circo Mundial, un circo podríamos decir de estilo clásico y reconocido, de espíritu tradicional en su forma y que recoge lo mejor de su Historia. Auténticos profesionales. ¿Cómo hacen estos magníficos artistas para sobrevivir y no desanimarse cuando desde lo alto del trapecio ven un patio de butacas casi vacío? Es una pregunta que solo ellos pueden responder frente al espejo y desde la soledad del camerino de cuatro ruedas detrás de la pista.


Algunos circos, conscientes de su inexorable decadencia recurrieron a intentar recuperar la atención de los niños -al final los motores del negocio- con recursos publicitarios y adaptando el show incorporando personajes de la cultura popular  y la televisión de moda. Ahí vimos entonces al “increíble Spider-Man”, “las Monster High en vivo” o a “Dora la exploradora” en la pista…  U otras formulas más “artísticas” y teatrales incorporando tecnología y luminotecnia hi-tec con staff permanente en los casinos de Las Vegas como el Cirque du Soleil. Pero eso no es Circo, eso es otra cosa.

Unos pocos padres nostálgicos llevando a sus niños pequeños, por lo general muy pequeños, y gente sola muy mayor a la que las luces y la música retrotraen a su lejana infancia y juventud es el perfil de los asistentes. El público histórico del Circo se ha perdido. Hoy están sumergidos en mundos de 4G y tiranizados por las redes sociales que actúan a tiempo completo mientras un día en familia se convierte en una autista salida individual colectivizada. Triste realidad en tiempos donde el asombro, la emoción, la belleza y la sorpresa del ameno y colorido mundo del Circo ya casi no tienen lugar.


Hoy vemos tanto dinero público usado para amiguetes del mundo de la “cultura” políticamente correcta, tanta subvención millonaria repartida entre Almodovares, Truebas y Coixetes dilapidada en miserables pasquines audiovisuales subvencionados con el dinero de todos.  ¿Acaso el Circo no sería digno de ser apoyado, auspiciado y fomentado incluso económicamente por los poderes públicos? No, porque su recorrido e influencia en los factibles votantes progresistas es nulo. Incluso el mundo del Circo ha sufrido y sufre el acoso y derribo de animalistas y demás sectas afines. Solo les queda el sacrificio y el aplauso merecido junto al valor de la entrada de un público cada vez más mermado pero fiel.



Esa niña y ese niño que aplauden ruidosamente con los ojos y la boca abierta de par en par ante el desafío logrado del “Y ahora, más difícil todavía” del acróbata, esa vital carcajada luego del bofetón y caída del payaso en zapatones son las únicas recetas que aún funcionan para preservar el arte milenario del Circo. Ojalá algún día esos mismos niños de hoy puedan llevar a sus hijos y seguir disfrutando del entretenimiento desconectado y sin red del Gran Circo de siempre. Ojalá no tengan que oír la pregunta “Papá: ¿qué es un circo?”.



14 de noviembre de 2015

¿Papá, dónde y qué estabas haciendo ese día?


Tendría que haber estado viendo el concierto de THE DICTATORS en Burgos. El destino en forma de salud me lo impidió. Pues estaba en casa, viendo la tele con mi niña después de cenar. Recibo un WhatsApp a las 22:33 hs:

-¿Qué fuerte lo de Paris… lo has oído? Un tío con un kalashnicov en un restaurante  del centro de París… madre mía…

-¿¿¿Qué me dices??? Respondo.

-Pues sí. 18 muertos y también explosión en Estadio de Francia…

Escalofrío. Presentía una tragedia aún mayor. Lástima que no me equivoqué. Me disculpo con la peque y le dejo que siga viendo su programa favorito. Voy a otro aparato directo a los canales de noticias. El horror, el espanto, la tragedia. Todos los canales internacionales en directo desde la capital de Francia. El corazón de Europa estaba siendo atacado por diferentes flancos. Caos, confusión, frentes abiertos. Obama en rueda de prensa en la Casa Blanca. Hollande desde los Elíseos. Al menos un par de terroristas suicidas en el Estadio Sant Denis de Paris durante el partido que se estaba disputando se inmolan volando por los aires. Mientras tanto, tres ataques simultáneos contra tres restaurantes perpetrados por terroristas con Kalashnicov al grito de “Alá es grande” masacran a decenas de parisinos sentados en sus terrazas de una hermosa noche de viernes. También entran abruptamente varios terroristas disparando a mansalva en la sala Bataclan con mil personas dentro donde esa noche tocaban la banda de rock americana EAGLES OF THE DEATH METAL.

Primero 20, luego 35, más tarde 60 los muertos… al momento de escribir esto a primeras horas del 14 N van 126 muertos en siete atentados. Recordaba un poco al fatídico 11 S. Una avioneta se estrella contra una de las torres gemelas. ¡No, un avión, ahora otro contra el pentágono y otro avión contra la segunda torre! Se derrumban por completo! Es increíble... Es la guerra…

Aquí también es la guerra. Y lamentablemente los malos de verdad llevan la delantera y desde hace tiempo. Recuerdo gente que mientras veía caer las torres gemelas en medio del fuego, humo y toneladas de escombros por televisión, en un bar con una jarra de cerveza en la mano decían: “Que se jodan los yanquis. Por fin les dieron a ellos dentro. Que se jodan”. Sé también que no pocos desde ese mismo confort occidental y europeo piensen algo parecido. No tienen ni idea de que va la cosa y esos son “los nuestros”.

Hoy la tibieza, la corrección política, la comodidad y la hipocresía que nos domina en forma de tiranía progre y buenista nos ha cegado, atado de pies y manos y nos convierte en presa del yijadista enmascarado con el cuchillo en la mano. Ellos si lo tienen claro, no dudan, se forman, estudian, entrenan sin descanso y vienen a por nosotros. Nosotros no. Cualquiera de nosotros podía estar sentado en una terraza con una cerveza en la mano mientras mandamos bonitos emoticonos con nuestros bonitos móviles. Cualquiera de nosotros podía haber estado con la cara pintada con los colores nacionales viendo un partido de fútbol. Cualquiera de nosotros podría estar flipado en un concierto de rock con nuestros amigos. Cualquiera de nosotros, nuestros amigos, nuestras novias, nuestras mujeres, nuestros hijos pueden ser objetivos de estas bestias asesinas que solo quieren matarnos por no tener ni su ley ni su dios.

Mientras aquí en Europa dejamos la vida por los derechos de pollos, toros, perros y demás bestias divinas, mientras estamos preocupados por la contaminación, los sexos más estrambóticos, lo cancerígeno del chuletón, los derechos más estrafalariamente inhumanos y distópicos e independencias de naciones con historias inventadas por ladrones, ellos, nuestros auténticos enemigos, ya avanzan por las calles de nuestras capitales. 

Es tarde, difícilmente pueda remontarse una situación como esta pero es nuestra culpa. Hoy lo que queda de Europa y Occidente no mueve un dedo para cambiar la situación. Ninguno de nosotros dejaría el confortable sofá del salón para plantarles cara donde sea. Todos somos progres y nadie aceptaría un muerto en una guerra. Nos conformamos y lavamos nuestras conciencias con carteles de Welcome Refugees en la fachada de nuestros ayuntamientos, donando 10 euros a ACNUR cuando nos lo piden suplicando por la televisión a la hora de comer o siendo tolerantes con los intolerantes por twitter. Cobarde hipocresía. Ellos nos declararon hace tiempo la guerra y no queremos aceptarlo. Así, estamos condenados.

El Imperio del Sol Naciente inmolaba a sus mejores hijos contra los buques enemigos en el Pacífico. Tenían claro su objetivo. Solo los detuvieron 3 bombas nucleares. 3. Hoy esta guerra es totalmente diferente y la van ganando ellos, lamentablemente. Toda una nueva y joven civilización se enfrenta a otra vieja y acomplejada. Su campo de batalla son nuestras ciudades y no toman prisioneros. No temen morir, nosotros sí. No es terrorismo, es una nueva forma de lucha que cobardemente no aceptamos. Hubo un Ministro de Defensa que hace no mucho tiempo atrás dijo ”prefiero morir a matar”. En esas estamos...

Si, sé que soy terriblemente incorrecto con mi pensamiento pero por eso está aquí en AUDERE que en latín significa ATREVERSE, OSAR y desde este humilde puesto osaremos mantener el AMOR SIN LIMITE POR LA CIVILIZACION Y LA CULTURA.

Pues esa fatídica noche del 13 de noviembre recordaré por siempre que estaba en casa viendo la televisión con mi hijita. “¿Papá y tu donde y qué estabas haciendo ese día?”. Ojalá nunca tenga que escuchar esa pregunta como reproche de sus labios porque no me atrevería a darle la respuesta.