7 de marzo de 2016

COMANDO SUICIDA 2016. El regreso de la bestia


El sol, implacable en febrero de 2016 en Buenos Aires, no dejaba ni un minuto de castigar el asfalto. El calor hacía difícil, casi imposible salir a la calle y sin embargo él ahí estaba después de más de una hora en colectivo, para verme. Hay que querer realmente a un amigo para hacer tal esfuerzo... Gorra, pantalón de gimnasia de San Lorenzo, un par de viejas zapatillas y una camisa a cuadros. Llevaba una bolsa de plástico colgada de su mano izquierda, que no impidió fundirnos en un abrazo postergado por más de treinta años. Volvía a verme con Sergito de COMANDO SUICIDA. El mismo barrio, los mismos protagonistas pero esta vez cincuentones y castigados.

Hay relaciones curiosas que a pesar del paso del tiempo y la distancia poco cambian y esta es una de ellas. Historias, lugares, motivaciones, episodios y recuerdos comunes tal vez sean la explicación…o tal vez no, pero la cuestión es que la sintonía fue mutua e instantánea. Después del lógico ponerse más o menos al día mediado por una cerveza helada comenzaron a salir las cosas de hoy y afortunadamente los proyectos y el futuro de COMANDO SUICIDA: la fecha de mañana, el nuevo disco y como seguir en la ruta después de décadas de una historia con un grupo dueño de una mística única e irrepetible, al que siempre las cosas se le han puesto difíciles, igual que al mismo Sergito en su vida personal. 

Cuidado, esto se entiende porque desde el primer momento ha elegido el camino difícil, el no transitado, el pionero, el más riesgoso y por el que nadie ha querido ir. Optar por ser skinhead nunca es fácil en ningún sitio pero en la Argentina de principios de los 80 bastante más difícil aún. Sergito lo hizo con coraje, solo y unos pocos lo siguieron. COMANDO SUICIDA fue el grupo que lo hizo diferenciándose claramente del resto de bandas que comenzaron a circular en esa Buenos Aires parida entre el final del Proceso y la naciente democracia, donde ser rebelde y haber nacido del punk había dejado de ser arriesgado. Muchos de los que habían nacido de ese mismo caldo primigenio, que fue una rebelión contracultural ética y estética, empezaron a gozar de las mieles del pop, los “peinados nuevos”, salir en la Rock & Pop, la televisión y a sentarse incluso a la mesa del Presidente de turno (hoy innombrable, claro) en la Casa Rosada.


COMANDO SUICIDA, nunca fue de la partida. Una posición “política” incorrecta, un modo de vida marginal, rechazado y estigmatizado hicieron de ellos un grupo mítico y maldito. Y Ahí están con “Al K.O” y sus emblemáticos borsegüies en la portada, el compilado “Invasión 88” y una colección de canciones transformadas en himnos de una tribu odiada y secretamente envidiada por muchos. Siempre estuvo Sergio, Sergito, poniendo el cuerpo y la cara mientras la vida pasaba y no dejaba de cobrar su peaje. “Me chupa un huevo”, agrega “No me importa nada”, repite (Never mind, I don´t care…) y yo le agregaría un gran “Me ne frego” ante el rechazo y el reniegue de muchos por ser él mismo y no haber perdido nunca su esencia. El “Nadie es profeta en su tierra” vuelve a cumplirse nuevamente. COMANDO SUICIDA es una banda conocida y reconocida en Europa: España, Italia, Francia… gracias a que sus discos fueron editados por el sello belga Pure Impact. Una legión de seguidores de dos generaciones reconocen fielmente ese espíritu de barrio, suburbio, futbolero y rebelde que aún pervive en Sergito y sus actuales COMANDO SUICIDA: Dieguito Rubiola, Facundo y Agustín.

 Este año trae nuevo disco y energías renovadas. Lo pude comprobar en el Club Pistones, el 13 de febrero en Buenos Aires, con una actuación soberbia donde compartieron fraternalmente cerveza y sonido motociclistas, skinheads, viejos punks y público sin enrolar. No faltaron las sorpresas y los invitados. Una vez más el inefable Marcelo Pocavida compartiendo escenario en “Babilonia” y quién escribe versionando “El Combatiente” de ANTI TODO, la primera canción de un grupo punk argentino sobre la Guerra de Malvinas.
      






Noche curiosa donde viejos enfrentamientos tribales ochenteros fueron superados definitivamente y sellados con una cerveza compartida entre Pocavida y El Árbol, un veterano "pelado" porteño. Anécdotas de primera mano y amistades de más de tres décadas rencontradas hicieron las delicias de los presentes. Y Ahí Sergito y COMANDO SUICIDA, como un deja vú perenne que se resiste a desaparecer.

Auténtico sonido rebelde que pervive y se regenera. “Último recurso”, “Grito proletario”, “Me cago en la yuta”, “Dios del trueno” o “Soy de Barrio” confirman la elección de ese camino difícil en esto del rock, del que afortunadamente de nada se arrepienten. Son el sonido subterráneo de una Buenos Aires encantadoramente difícil y también violenta. Oi! Argentino pionero que parece gozar de una salud y juventud secretamente deseada por muchos del ambiente. Y ahí Sergito con más de cincuenta años y tres décadas del rock más provocador, marginal y despreciado, que ya es leyenda.


Si algo aprendía a valorar con el tiempo es la amistad y el no renegar. Más allá de lo material, lo individual, los gustos o el pensamiento están las personas y el valor que ellas tienen como tales. Y en mi caso Sergito no es COMANDO SUICIDA sino mi amigo Sergio y eso me enorgullece. Así que hoy como ayer… me ne frego.


21 de noviembre de 2015

EL CIRCO: Y ahora, más difícil todavía...


Ahí está. Plantada en el solar se levanta orgullosamente. La tradicional carpa donde se conservan la magia y los secretos del Circo. Secretos arcanos de disciplinas transmitidas de padres a hijos, de generación en generación. Ellos no son personas normales que trabajan en algo que pueda gustarles más o menos, que realicen sus tareas con mayor o menor pericia, no, ellos son artistas de circo, cirqueros. Y ahí están, plantándole cara a los distraídos transeúntes de una ciudad como Madrid, ocupados en mil y una cuestiones, que pasan al lado de esa efímera pero majestuosa catedral de lona donde aún resisten el asombro y la ilusión. El Gran Circo Mundial está aquí.

Sabemos que la Edad Dorada del Circo quedó atrás hace mucho tiempo y que el entretenimiento en el siglo XXI pasa por otro lugar. Sin embargo, afortunadamente, aún queda gente, poca y cada vez menos, que demuestra interés por un hecho cultural como el circense. Inmediatamente cuando se habla del Circo se lo relaciona con los niños y la alegría: payasos, trapecistas, magos, malabaristas y animales salvajes componen su ideario. La música, las luces y los coloridos vestidos y maquillajes completan esa fórmula que durante siglos ha funcionado en su cometido de diversión y entretenimiento popular. La clásica pista, las tramoyas y ese ejercito de hombres y mujeres con sus vistosas chaquetas estilo cosaco del XIX que reciben al público con una sonrisa en sus labios hacen que los espectadores entren en un mundo irreal, mágico y alucinante donde el mundo real, con su cruel soledad de multitudes, queda relegado y contenido en el exterior de la gran carpa.


Se apagan las luces, se encienden los reflectores que apuntan hacia el Jefe de Pista que entre redobles de tambor anuncia que comienza la función. Más de dos horas de un espectáculo preciso, cronometrado y ajustado a la perfección donde los diferentes artistas hacen sus números, unos detrás de otros, sustraen al público sentado en las butacas hacia una dimensión asombrosa e irreal. Ante una función de circo surge una inevitable pregunta: ¿Qué lleva a alguien a jugarse la vida poniendo el cuerpo una y otra vez en auténtico riesgo lanzándose desde la altura del trapecio en un cuádruple salo mortal, o subiendo a una inmensa rueda giratoria venciendo a la inercia, la altura y la velocidad con sus ojos vendados? ¿Por qué la bella domadora se enfrenta a la bestia cada noche como si de una tierna mascota se tratase? ¿Y qué mueve al payaso que con su inquietante maquillaje recibe el bofetón y cae al suelo estrepitosamente una y otra vez? Sin duda no es por el dinero ya que la vida de estos artistas ambulantes suele ser muy dura y muchas veces acaban en la más pasmosa de las miserias. Ahí está su arte, su pasión incombustible por la que viven al día,  una herencia transmitida de una disciplina casi imposible que desafía los cánones del espectáculo seguro, una especie de virus que corre por sus venas del cual no existe cura conocida, la vida del artista nómada que tiene su mayor recompensa en el aplauso desinteresado.


En el mundo actual, donde vales lo que tienes o lo que ganas, donde el éxito personal y el reconocimiento social pasa por la cantidad de dinero que ingresas a la cuenta bancaria, esta gente definitivamente no cumple con estas reglas, no pertenecen a ese mundo.  Antes en carromatos de madera, hoy en trailers y caravanas que rodean la carpa como protegiéndola, viven de ciudad en ciudad como una auténtica  comunidad de freaks, de fenómenos casi al borde de la sociedad. Son gente incansable, fuerte y aguerrida que monta y desmonta el espectáculo en yermos solares, acarrea pesados baúles, tiende y destiende redes en el momento preciso, alimenta, cuida y limpia las fieras, emplaza complejos artilugios donde sus compañeros se juegan la vida, encienden las luces, barren y recogen, atienden el kiosco de dulces, reciben y acomodan al público en su sitio amablemente, son parte de una auténtica dinastía en extinción que hacen que aún hoy nuestros niños tengan la posibilidad de descubrir un arte con mayúsculas hoy despreciado.


¿Alguien imagina el esfuerzo necesario para mantener un espectáculo bellísimamente efímero como el Circo? Sus hacedores viven de ello, alimentan a sus peculiares familias, en caso de tenerlas, necesitan de ese dinero para vivir en el mundo real igual que nosotros. ¿Merece la pena? Sin embargo ahí están actuando y trabajando del mismo modo para un aforo completo como para veinte personas que se atreven a ir y a pagar la entrada. Si, veinte, treinta, cincuenta personas por función en un Madrid viernes noche abarrotado de viandantes. Una pena. En este caso ha sido el Circo Mundial, un circo podríamos decir de estilo clásico y reconocido, de espíritu tradicional en su forma y que recoge lo mejor de su Historia. Auténticos profesionales. ¿Cómo hacen estos magníficos artistas para sobrevivir y no desanimarse cuando desde lo alto del trapecio ven un patio de butacas casi vacío? Es una pregunta que solo ellos pueden responder frente al espejo y desde la soledad del camerino de cuatro ruedas detrás de la pista.


Algunos circos, conscientes de su inexorable decadencia recurrieron a intentar recuperar la atención de los niños -al final los motores del negocio- con recursos publicitarios y adaptando el show incorporando personajes de la cultura popular  y la televisión de moda. Ahí vimos entonces al “increíble Spider-Man”, “las Monster High en vivo” o a “Dora la exploradora” en la pista…  U otras formulas más “artísticas” y teatrales incorporando tecnología y luminotecnia hi-tec con staff permanente en los casinos de Las Vegas como el Cirque du Soleil. Pero eso no es Circo, eso es otra cosa.

Unos pocos padres nostálgicos llevando a sus niños pequeños, por lo general muy pequeños, y gente sola muy mayor a la que las luces y la música retrotraen a su lejana infancia y juventud es el perfil de los asistentes. El público histórico del Circo se ha perdido. Hoy están sumergidos en mundos de 4G y tiranizados por las redes sociales que actúan a tiempo completo mientras un día en familia se convierte en una autista salida individual colectivizada. Triste realidad en tiempos donde el asombro, la emoción, la belleza y la sorpresa del ameno y colorido mundo del Circo ya casi no tienen lugar.


Hoy vemos tanto dinero público usado para amiguetes del mundo de la “cultura” políticamente correcta, tanta subvención millonaria repartida entre Almodovares, Truebas y Coixetes dilapidada en miserables pasquines audiovisuales subvencionados con el dinero de todos.  ¿Acaso el Circo no sería digno de ser apoyado, auspiciado y fomentado incluso económicamente por los poderes públicos? No, porque su recorrido e influencia en los factibles votantes progresistas es nulo. Incluso el mundo del Circo ha sufrido y sufre el acoso y derribo de animalistas y demás sectas afines. Solo les queda el sacrificio y el aplauso merecido junto al valor de la entrada de un público cada vez más mermado pero fiel.



Esa niña y ese niño que aplauden ruidosamente con los ojos y la boca abierta de par en par ante el desafío logrado del “Y ahora, más difícil todavía” del acróbata, esa vital carcajada luego del bofetón y caída del payaso en zapatones son las únicas recetas que aún funcionan para preservar el arte milenario del Circo. Ojalá algún día esos mismos niños de hoy puedan llevar a sus hijos y seguir disfrutando del entretenimiento desconectado y sin red del Gran Circo de siempre. Ojalá no tengan que oír la pregunta “Papá: ¿qué es un circo?”.



14 de noviembre de 2015

¿Papá, dónde y qué estabas haciendo ese día?


Tendría que haber estado viendo el concierto de THE DICTATORS en Burgos. El destino en forma de salud me lo impidió. Pues estaba en casa, viendo la tele con mi niña después de cenar. Recibo un WhatsApp a las 22:33 hs:

-¿Qué fuerte lo de Paris… lo has oído? Un tío con un kalashnicov en un restaurante  del centro de París… madre mía…

-¿¿¿Qué me dices??? Respondo.

-Pues sí. 18 muertos y también explosión en Estadio de Francia…

Escalofrío. Presentía una tragedia aún mayor. Lástima que no me equivoqué. Me disculpo con la peque y le dejo que siga viendo su programa favorito. Voy a otro aparato directo a los canales de noticias. El horror, el espanto, la tragedia. Todos los canales internacionales en directo desde la capital de Francia. El corazón de Europa estaba siendo atacado por diferentes flancos. Caos, confusión, frentes abiertos. Obama en rueda de prensa en la Casa Blanca. Hollande desde los Elíseos. Al menos un par de terroristas suicidas en el Estadio Sant Denis de Paris durante el partido que se estaba disputando se inmolan volando por los aires. Mientras tanto, tres ataques simultáneos contra tres restaurantes perpetrados por terroristas con Kalashnicov al grito de “Alá es grande” masacran a decenas de parisinos sentados en sus terrazas de una hermosa noche de viernes. También entran abruptamente varios terroristas disparando a mansalva en la sala Bataclan con mil personas dentro donde esa noche tocaban la banda de rock americana EAGLES OF THE DEATH METAL.

Primero 20, luego 35, más tarde 60 los muertos… al momento de escribir esto a primeras horas del 14 N van 126 muertos en siete atentados. Recordaba un poco al fatídico 11 S. Una avioneta se estrella contra una de las torres gemelas. ¡No, un avión, ahora otro contra el pentágono y otro avión contra la segunda torre! Se derrumban por completo! Es increíble... Es la guerra…

Aquí también es la guerra. Y lamentablemente los malos de verdad llevan la delantera y desde hace tiempo. Recuerdo gente que mientras veía caer las torres gemelas en medio del fuego, humo y toneladas de escombros por televisión, en un bar con una jarra de cerveza en la mano decían: “Que se jodan los yanquis. Por fin les dieron a ellos dentro. Que se jodan”. Sé también que no pocos desde ese mismo confort occidental y europeo piensen algo parecido. No tienen ni idea de que va la cosa y esos son “los nuestros”.

Hoy la tibieza, la corrección política, la comodidad y la hipocresía que nos domina en forma de tiranía progre y buenista nos ha cegado, atado de pies y manos y nos convierte en presa del yijadista enmascarado con el cuchillo en la mano. Ellos si lo tienen claro, no dudan, se forman, estudian, entrenan sin descanso y vienen a por nosotros. Nosotros no. Cualquiera de nosotros podía estar sentado en una terraza con una cerveza en la mano mientras mandamos bonitos emoticonos con nuestros bonitos móviles. Cualquiera de nosotros podía haber estado con la cara pintada con los colores nacionales viendo un partido de fútbol. Cualquiera de nosotros podría estar flipado en un concierto de rock con nuestros amigos. Cualquiera de nosotros, nuestros amigos, nuestras novias, nuestras mujeres, nuestros hijos pueden ser objetivos de estas bestias asesinas que solo quieren matarnos por no tener ni su ley ni su dios.

Mientras aquí en Europa dejamos la vida por los derechos de pollos, toros, perros y demás bestias divinas, mientras estamos preocupados por la contaminación, los sexos más estrambóticos, lo cancerígeno del chuletón, los derechos más estrafalariamente inhumanos y distópicos e independencias de naciones con historias inventadas por ladrones, ellos, nuestros auténticos enemigos, ya avanzan por las calles de nuestras capitales. 

Es tarde, difícilmente pueda remontarse una situación como esta pero es nuestra culpa. Hoy lo que queda de Europa y Occidente no mueve un dedo para cambiar la situación. Ninguno de nosotros dejaría el confortable sofá del salón para plantarles cara donde sea. Todos somos progres y nadie aceptaría un muerto en una guerra. Nos conformamos y lavamos nuestras conciencias con carteles de Welcome Refugees en la fachada de nuestros ayuntamientos, donando 10 euros a ACNUR cuando nos lo piden suplicando por la televisión a la hora de comer o siendo tolerantes con los intolerantes por twitter. Cobarde hipocresía. Ellos nos declararon hace tiempo la guerra y no queremos aceptarlo. Así, estamos condenados.

El Imperio del Sol Naciente inmolaba a sus mejores hijos contra los buques enemigos en el Pacífico. Tenían claro su objetivo. Solo los detuvieron 3 bombas nucleares. 3. Hoy esta guerra es totalmente diferente y la van ganando ellos, lamentablemente. Toda una nueva y joven civilización se enfrenta a otra vieja y acomplejada. Su campo de batalla son nuestras ciudades y no toman prisioneros. No temen morir, nosotros sí. No es terrorismo, es una nueva forma de lucha que cobardemente no aceptamos. Hubo un Ministro de Defensa que hace no mucho tiempo atrás dijo ”prefiero morir a matar”. En esas estamos...

Si, sé que soy terriblemente incorrecto con mi pensamiento pero por eso está aquí en AUDERE que en latín significa ATREVERSE, OSAR y desde este humilde puesto osaremos mantener el AMOR SIN LIMITE POR LA CIVILIZACION Y LA CULTURA.

Pues esa fatídica noche del 13 de noviembre recordaré por siempre que estaba en casa viendo la televisión con mi hijita. “¿Papá y tu donde y qué estabas haciendo ese día?”. Ojalá nunca tenga que escuchar esa pregunta como reproche de sus labios porque no me atrevería a darle la respuesta.



19 de mayo de 2015

RESCATANDO AL DOCTOR G. Y SU MAQUINA DE BIKINIS


Imaginaros estar a mediados de los 60 en Hollywood. Ahora nos disponemos a realizar un film y contamos con una productora en alza, un más que prolífico y talentoso director oscarizado, la deslumbrante ciudad de San Francisco como plató, un par de experimentados guionistas a cargo, un casting con reconocidos actores del cine y la televisión, una estrella juvenil del momento, hermosas actrices dispuestas a mostrarse sin tapujos ante la cámara, banda sonora dirigida por un músico de primer nivel con un tema principal interpretado por un exitosísimo grupo vocal y con el protagónico de una auténtica estrella como Vincent Price. Bueno, con todos estos elementos a disposición casi imposibles de reunir conseguiríamos un exitazo sin ningún tipo de duda. Pero sigamos aún un poco más. Haríamos una comedia satírica sobre un género en su pleno apogeo, el de las películas de espías y supervillanos al estilo James Bond que causan furor en todo tipo de público y en todo el mundo. Imposible fallar, nos espera el éxito, la fama, el dinero, la gloria…


A pesar de ello sin embargo DR. GOLDFOOT AND THE BIKINI MACHINE (En España Doctor G y su máquina de bikinis) es un auténtico fallo. Lo que la salva es tal vez el ambiente, la atmosfera de la época, su colorido natural y su espíritu que todo lo envuelve sin querer. Podríamos hablar de un desperdicio, una magnífica oportunidad perdida de conseguir un auténtico film de culto y popular y sin embargo nos queda la sensación de ver un producto hecho sin ganas, forzado, sin objetivos.
Producida por la American International Pictures (AIP), la empresa fundada por Samuel Z. Arkoff y James H. Nicholson (que encumbró a Roger Corman y Vincent Price con el conocido  “Ciclo Poe” y responsable de la producción de innumerables films indispensables del catálogo de la “Serie B” por más de tres décadas) nos cuenta La historia del Doctor Goldfoot, un malvado villano, mezcla de “mad doctor” y aristócrata decimonónico que pretende hacerse con las fortunas de impávidos millonarios fascinados y seducidos por bellos robots-mujeres de su creación. Ataviados en bikinis dorados los androides femeninos intentarán lograr su cometido a pesar de enfrentarse a un aprendiz de agente secreto y un ricachón engañado que tratarán de impedirlo.


La historia no está mal y a pesar de ser escrita por Elwood Ullman y  Robert Kaufman no logra coherencia dentro de la “psicotrónica” propuesta. Y eso que merito no les faltó a sus autores ya que podemos mencionar que Ullman fue un famoso guionista de comedias con el que cuenta en su haber innumerables episodios de “The Three Stooges” (Los tres chiflados) así como muchísimas comedias televisivas de la época. Kaufman otro tanto, con Emmy ganado y  guiones de muchos episodios de series como “I Dream of Jeannie" (Mi bella genio) o “Alfred Hitchcock Presents”.
Los astutos Arkoff y Nicholson encargaron la dirección a Norman Taurog, un auténtico veterano de Hollywood galardonado con el Óscar como mejor director en 1931. Taurog llegó a dirigir 180 películas, entre ellas las comedias interpretadas por Elvis Presley, Jerry Lewis y Dean Martin. En DGATBM no consigue revalidar títulos. Ni una idea original o atrevida se consigue ver en los 88 minutos del film.
En lo personal me resulta difícil y me duele decirlo de alguien como Vincent Price, que con una más que brillante filmografía de más de medio siglo interpretara aquí, tal vez uno de sus trabajos más pobres. El personaje, con una potencialidad increíble, no consigue plasmarse a pesar del talento indiscutido de Price. El Dr. Goldfoot es excesivamente amanerado, afeminado, con una casi nula cuota de esa malévola caballerosidad típica de los villanos interpretados por Price. Le falta fondo para desarrollar el personaje. Vincent hizo lo que mejor pudo pero evidentemente no alcanzó.


Sigamos por estricto orden de cartel. Qué podemos decir de Frankie Avalon… carilindo, cantante adolescente, actorcillo que fue convocado por el Duke John Wayne para “El Álamo” (¡!), fue protagonista de un sub-sub género como el de las películas de playa (también de la AIP). Su rol de un forzado espía aficionado casi idiota de nombre Craig, en lugar de conseguir sacar una sonrisa ante una situación supuestamente cómica provoca vergüenza ajena.


Dwayne Hickman es Todd Armstrong, un millonario embaucado por Goldfoot mediante la bella bikini machine Nº  11 que intenta despojarlo de sus riquezas. Hickman fue otro de los tantos actores "teenagers" de la televisión norteamericana aparecido en los años 50s. Su rol tampoco es que sea muy elaborado pero al menos da bien en cámara…


Es el turno para Susan Hart,  una bella morena casada (casualmente…) con el productor James H. Nicholson interpreta a el robot femenino Nº9 que solo viste bikini dorada, gabardina, tacones y sombrero creado por el Dr. Goldfoot para lograr su maléfico fin. Susan también fue (casualmente…) la protagonista de la serie de películas de playa de la AIP. Su rostro es conocido gracias a su actuación en films de la talla de “It Conquered the World”, ”Invasion of the Saucer Men”, “The Thing from Venus”, “The Amazing Colossal Man” entre otras delicadezas del género. Y ahí está en el film aportando la cuota sexy del proyecto y poco más.


Jack Mullaney interpreta a Igor, el torpe asistente del Dr. Goldfoot permanentemente humillado por él. Mullaney fue un buen y conocido actor del cine y la televisión que logra con su personaje hacer esbozar en algún momento una leve sonrisa.  Como en el caso de Vincent Price podría haberse conseguido muchísimo más…


Tenemos también una participación especial como la de Fred Clark interpretando a Donald, el tío del inútil de Craig (Frankie Avalon) al frente de la agencia de espías. Su sola aparición y su reconocidísimo rostro aporta un poco de aire fresco en la pantalla. Una pena que no haya aportado más minutos en el metraje. Clark fue un actor muy popular que participo en innumerables shows televisivos y películas por décadas. Un querido actor que aparece en muchos episodios de series legendarias como “I Dream of Jeannie”, “The Beverly Hillbillies”, “The Addams Family” o la magnífica “The Twilight Zone”.


No todo es desazón, hay aciertos también. La música de Les Baxter es maravillosa, un verdadero lujo al que nos tiene acostumbrados la AIP. Aquí el maestro de la “Exotic Music” aparece una vez más en su mejor nivel. También el pegadizo tema principal de la película interpretado por The Supremes, que por entonces contaba con su formación original, es decir Diana, Mary y Florence, no hace más que actuar como un bálsamo ente tanto desatino.
Una curiosidad digna de mención: la participación en una de las escenas de  “Sam & the Ape Men”, un ignoto grupo musical ataviados con ropas de cavernícolas de serie z sobre el escenario de un club. Según el relato de su guitarrista el grupo tocaba regularmente en “The Condor Club” del área Norte de San Francisco con el nombre de “The Flintstones”  y que para evitar problemas legales con el cartoon de Hanna y Barbera lo cambiaron. Se desconoce el paradero de la bailarina a go-go llamada Diane De Marco…


Además de los créditos iniciales y finales acorde a la moda de entonces, los zapatos “Aladino” dorados del Dr. Goldfoot, el homenaje al ciclo Poe de Roger Corman para la AIP  en un recorrido pictórico de los ancestros del Dr. Goldfoot y la cámara de torturas de “The Pit and The Pendulum”, poco más…
Hoy con la corrección política imperante en esta tiranía progre mundial, un film como DGATBM sería impensable. En principio sería tachada de sexista ya que absolutamente todas las mujeres que aparecen son simples objetos de explotación sexual, máquinas con cara bonita y cuerpo sin alma. El Dr. Goldfoot un pervertido que lo único que hace es humillar permanentemente a su esclavo Igor espetándole una catarata innumerable de insultos y agravios. Hay dos escenas que desatarían  la furia de asociaciones feministas. Debido a un error en su misión de robar el patrimonio de su víctima millonaria, Diane es castigada por el Dr. Goldfoot y la  vemos siendo torturada en una especie de silla eléctrica. El robot femenino gime con cada descarga de electricidad. En la segunda escena incorrecta la vemos arrodillada en el suelo fregándolo con un trapo ante las descargas eléctricas de un bastón empuñado por un fornido calvo de pie con pinta de ejecutor a las órdenes del Dr. Goldfoot. 
DGATBM pudo más, mucho más pero lamentablemente se quedó en ello. Aunque parezca increíble “Dr. G y su máquina de bikinis” tuvo una secuela italiana!!! Pero eso lo dejamos para otra ocasión.


¿Merece la pena desgajar una película fallida 50 años después? La respuesta es NO pero como tantas cosas de AUDERE que no tienen demasiado sentido y sin embargo ahí están…  A pesar de ello aquí la “rescatamos” al menos en parte debido justamente a esas “incorrecciones” que la hacen entrar en nuestra galería de películas especiales y diferentes en estos tiempos demasiado “correctos” para nuestro gusto.

Al fin y al cabo ¡Salud Doctor Goldfoot! Ojalá algún día domines el mundo con tus bikinis doradas y  finalmente se vaya todo a tomar por saco de una vez por todas! 


27 de abril de 2015

"LA IRA ES ENERGIA" La memorias de JOHN LYDON aka JOHNNY ROTTEN


Hace casi un año  publicábamos en AUDERE la letra de “Rise” de Public Image Ltd. ¿Por qué lo hicimos? Porque si, y porque a mi modesto parecer la considero una de las mejores canciones de todos los tiempos. Musicalmente bella, una auténtica gema. Su letra un verdadero manifiesto cargado de imágenes enigmáticamente fuertes, agudas sentencias y contundentes afirmaciones. Nos machaca desde el estribillo con “Anger is an energy” (La furia es una energía), un magnífico lema. En definitiva, un Lydon en estado puro. Sin quererlo ni pensarlo ha sido un anuncio premonitorio, acertado y oportuno ya que acaba de publicarse en España su autobiografía, la historia de John Lydon, el ex Johnny Rotten, cantante de Sex Pistols y su título es “LA IRA ES ENERGIA”…

“La ira es energía. Es la puta verdad. En la vida se me ha ocurrido otra frase tan potente…” confiesa desde la primera página de su libro y tal vez sea cierto. El viejo Johnny considera la ira como algo negativo que puede ser utilizada de manera positiva para cambiar las cosas. Y asi nos lo propone Lydon desde una cierta visión “filosófica” planteada en la introducción. Allí se planta y marca el terreno: quién es, de dónde viene y que pretende. Lo que sigue es un relato en primera persona de su vida, una cascada vertiginosa de pareceres, memorias y  anécdotas plagadas de sinceridad descarnada de un Rotten que goza con el perverso placer de no guardarse nada ni medir consecuencias. Otra vez un Lydon en estado puro.

Si, John Lydon es verdaderamente un personaje fascinante. Su fortísima personalidad y  su rol como líder de Sex Pistols y referente de la explosión punk de mediados de los 70, hizo que involuntariamente trascienda el mundo del arte y se posicione entre los personajes más significativos del siglo XX, de un siglo tan cruel como su personal visión del mundo. Se que puede sonar algo exagerada mi afirmación pero estoy convencido de que en un resumen del siglo pasado su voz y su figura serían imprescindibles para entender al menos una parte importante del mismo.

Si bien ya nos había regalado unas memorias hace ya tiempo llamadas ”Rotten: No Irish, No Blacks, No Dogs”, “La Ira Es Energía” completa y tal vez cierre cuestiones pendientes en un cuidadísimo trabajo de Malpaso Ediciones de más de seiscientas páginas, apartados de fotos a color, tapa dura y sobrecubiertas.  

Rescato la frase final de su introducción ya que la considero como una acertadísima definición de sí mismo en estos tiempos: “En la vida todo esta interconectado. La imprevisibilidad ha marcado la mía. He abierto camino y he hecho que este sea más seguro para los que me han seguido. Soy el elefante en la cacharrería, el que siempre dice lo que piensa y se queda hasta el final. El último hombre en pie… en un mundo donde nadie importa”. John Lydon en estado puro.


22 de abril de 2015

THE DAMNED Sala Arena 16/04/15 Madrid


“Señoras y señores ...  ¿cómo lo hacen?” con esta frase empieza Love Song de THE DAMNED  y eso me lo he preguntado muchas veces.¿Cómo hace THE DAMNED para seguir en carrera después de 40 años y haber sido los auténticos pioneros de la escena punk inglesa?

Para los que tenemos al español como lengua materna y leímos una y mil veces “PUNK La Muerte Joven “de Juan Carlos Kreimer allá por fines de los 70 y principio de los 80 nos enteramos que THE DAMNED era un grupo diferente. Fueron los primeros en manifestar la punkitud británica fuera de las islas en el Festival de Mont de Marsan; los primeros con un sencillo y álbum en la calle; en participar en el festival del 100 Club en Oxford Street; en ir de gira por USA… fueron los primeros en ir a la vanguardia con una propuesta musical y estética diferente pero auténticamente punk. Escapaban a moldes y clichés y eso los hacía absolutamente atractivos.

THE DAMNED era diferente y casi cuarenta años después también siguen siendolo porque son una Rara Avis auténtica. Ahí están una vez más sobre un escenario después de innumerables cambios en su formación y en su sonido pero con su vena original intacta, perenne, eterna.  Los Malditos del punk británico aun siguen vivos.
Tuvimos la suerte de verlos en concierto en Madrid, ahí mismo a metros de la Plaza España, en el corazón de la Capital que siempre les acoge. Vanian y Sensible, su columna vertebral, los históricos, los que estuvieron desde su nacimiento, los de siempre, como dos personajes salidos de la ficción nos metieron en su mundo salvaje, oscuro, inquietante y a su vez placentero y divertido. Los dos curtidos en mil batallas, dos profesionales en tablas que mantienen vivo el legado. Vitales, espontáneos y cercanos nos dejaron casi dos horas de THE DAMNED versión siglo XXI con Monty Oxy Moron en teclados, Pinch en batería y Stu West en bajo. Dejaron satisfechos a su público de un par de generaciones como mínimo: canosos cincuentones, sesenteros arrugados y púberes iniciados recientemente en el rito maldito salieron complacidos de la sala antes de la medianoche. 

Bajando la Gran Vía envuelto en las luces de sus carteles y  en medio del incesante movimiento de coches y peatones noctámbulos me vuelvo a preguntar: ¿Maldición, pero cómo lo hacen? Conmigo THE DAMNED lo ha vuelto a conseguir…